Perú libre: Pactos sobre el cambio climático, la amazonía y los pueblos indígenas para ganar el 6 de junio

Por Róger Rumrrill

Para el partido Perú Libre presidido por Pedro Castillo Terrones de 51 años y con el liderazgo ideológico de Vladimir Cerrón Rojas, debe ser una cuestión de vida o muerte establecer alianzas democráticas con otras organizaciones políticas y suscribir pactos para una agenda de cambio y transformación con temas y asuntos tan vitales como salir del infierno de la pandemia, terminar con el hambre y la pobreza, el cambio climático, la Amazonía y los pueblos indígenas andino-amazónicos. Es la clave, el ábrete sésamo y quizás la única estrategia para ganar la segunda vuelta electoral el próximo 6 de junio a Fuerza Popular.

        Porque Fuerza Popular, encabezado por Keiko Fujimori y el liderazgo estratégico y político de su padre, Alberto Fujimori Fujimori, y que defiende bajo el úkase y el sostén de la derecha económica y política peruana el modelo neoliberal con  garras y colmillos, un modelo descalabrado por la pandemia del coronavirus y la crisis estructural del siglo XXI, está desatando una guerra sin cuartel con todas las armas para derrotar a Perú Libre.

        Esta guerra sucia, para la derecha política y sus ejecutores, el fujimorismo, es como una guerra del fin del mundo que no se detendrá ante nada. Incluso apelará a la intromisión extranjera si es necesario para conseguir sus fines. No olvidemos el golpe de estado contra Evo Morales Ayma en Bolivia, digitado por intereses extranacionales y el triunfo reciente del ultraliberal banquero Guillermo Lasso, en Ecuador, favorecido por la división indígena, urdida también por intereses geopolíticos del neomonroísmo de EE. UU. que quiere hacer otra vez de América Latina su “patio trasero”. El  gran empresariado chileno y sus intereses en el Perú, también miran de reojo y con desconfianza a Perú Libre.

            El sismo político y electoral del 11 de abril

            Las elecciones del 11 de abril desnudaron una de las mayores crisis estructurales de la historia del Perú. Colapso de la salud, de la economía, de la política, de la sociedad, con profundidades sísmicas solo comparables con la catástrofe que provocó la Guerra del Pacífico con Chile en 1879.

           Además, la pandemia del coronavirus, el invisible virus que ha originado un verdadero giro copernicano en la civilización y en la historia humana, funcionó como una especie de Rayos X, como dice Nicolás Lynch, para mirar las entrañas de ese organismo enfermo que es la realidad peruana de hoy: servicios de salud precarios o inexistentes en el medio rural; abandono de los pueblos indígenas; economía informal en un 70 por ciento; desocupación, inestabilidad política con tres presidentes de la república en una semana; un Congreso obstruccionista, esperpéntico y de  expertos en trapicheos y contubernios; los casos de Odebrecht y los “cuellos blancos”, las cabezas de la monstruosa hidra de la corrupción; y una hostilidad con tambores de guerra entre la ciudadanía sobre todo rural y pobre y los dueños del poder y de la necropolítica peruana.

        Un país destrozado, como lo describe Claudia Cisneros, haciendo un símil del dios Inkarrí, fragmentado, dividido, desintegrado, que nunca tuvo un proyecto de unidad nacional; con un Estado capturado por las corporaciones y las élites políticas y económicas que solo sirven puntual y eficazmente a esos intereses; con una democracia erosionada y convertida en perrito faldero de los poderes fácticos; una Nación multilingüe, multicultural y multiétnica y un Estado monocultural y de origen colonial que ha construido un sistema de educación, de justicia, de salud, de economía, eurocéntrico; un país que está celebrando el Bicentenario de su Independencia, pero donde rige y persiste la colonialidad del poder, del saber y la subjetividad (Aníbal Quijano, dixit), se ha reflejado, se ha registrado y se ha dibujado en las elecciones del 11 de abril.

            Pedro Castillo Terrones, cajamarquino, maestro rural de profesión, que no tiene procesos judiciales como su rival de turno, ganó con el 19 por ciento de votos, es decir, 2.6 millones de electores votaron por él. Keiko Fumori, la segunda, obtuvo el 13 por ciento de votos, o sea, 1 millón 800 mil electores optaron por ella. Solo 35 por ciento de electores, de un total de 24 millones, votaron en la primera ronda, el 11 de este mes. El 65 por ciento de peruanos expresó su cólera, su desconfianza, su incredulidad, su desgano, su falta de fe en el sistema votando en blanco, viciando su voto o simplemente negándose a votar. Ambos, Castillo y Fujimori, representan los extremos, izquierda y derecha. Porque el centro político peruano ha colapsado.

             Una expresión de la profunda asimetría social y económica que existe en el Perú son los votos en las regiones andinas ricas en minería. Allí, Pedro Castillo, con su discurso antisistema, encabezó la votación. Son los pobres y mendigos, como decía Antonio Raimondi, sentados en un banco de oro, de cobre, de zinc, etc. Solo que ahora el banco se lo están llevando a saco partido las multinacionales.

           La votación del 11 de este mes, además, conformará un Congreso fragmentado y dividido y un ejecutivo con una gobernabilidad débil, con la vacancia presidencial sobre el cuello y la amenaza de la disolución congresal por parte del ejecutivo como represalia.

      Esta polarización y fragmentación no es de hoy. Como la corrupción endémica que corroe al Perú. Está en el origen de nuestro país y sus clases dirigentes que no han renunciado a su condición colonial. Los 18 grupos que participaron en las elecciones y los 18 candidatos presidenciales son el producto y resultado de la ausencia de partidos políticos y la fragmentación histórica y reciente: la dictadura de Fujimori hizo trizas el tejido social y político peruano, quebró y fracturó la incipiente institucionalidad e instaló la corrupción como una sub cultura perversa resumida en esta frase aberrante: “roba pero hace obra” y que hizo del Perú una sociedad anómica. Sendero Luminoso, como hermano caínita del fujimorismo, contribuyó a dinamitar el precario Estado nacional.

       Perú Libre: cómo ganar la segunda vuelta

      Perú Libre solo podrá ganar la segunda vuelta electoral construyendo consensos, pactos y acuerdos.

Asumiendo una agenda que en el siglo XXI es una cuestión vital para la humanidad: la mitigación y adaptación al cambio climático que, según los científicos, es la segunda pandemia que está llegando y para la cual no hay vacunas.

        Suscribiendo un pacto, una alianza estratégica con los pueblos indígenas andino-amazónicos, 10 millones de habitantes, el 43 por ciento de la población nacional; asumiendo sus demandas más urgentes: defensa de la salud y la vida; titulación de sus tierras y territorios; reconociendo y fortaleciendo su autonomía y gobernabilidad, respetando y ejecutando la Ley de Consulta Previa e Informada, entre otras exigencias urgentes.

      Renunciando a su mirada colonial sobre la Amazonía Peruana, que es la visión del hipercentralismo limeño y de las clases dominantes que miran a la Amazonía como un espacio solo de extracción de materias primas, con una visión extractivista, cortoplacista, patrimonialista y rentista. La nueva agenda de Perú Libre debe priorizar a la Amazonía como el mayor banco genético del planeta, al bosque amazónico como la mayor fábrica de agua dulce del mundo, el generador del 20 por ciento del oxígeno de la Tierra. El espacio geopolítico, geoeconómico e hidropolítico del Perú en el siglo XXI.

       La conservación del bosque amazónico y en general de los bosques y la biodiversidad mundial está directamente relacionada con la supervivencia humana. No solo el Covid-19 se mudó de su espacio natural destruido. Los científicos calculan que la destrucción de los bosques provocarán la migración de 1 millón 700 mil virus y zoonosis a los hábitats humanos.

      Las alianzas estratégicas le darán el triunfo a Perú Libre en la segunda vuelta. Pero también tiene que renunciar a su conservadurismo rancio y de tufillo oligárquico e inaceptable contra los derechos humanos y las libertades civiles, su antifeminismo y su rechazo a la igualdad de género, un obscurantismo integrista y fundamentalista; borrar de un plumazo de su plan de gobierno, como lo ha señalado agudamente Roberto Espinoza, conceptos y propuestas como el de “extractivismo sostenible”, absolutamente fuera de la realidad; y su lógica extractivista como fuente y estrategia del desarrollo, entre otras ideas, conceptos y formulaciones sin fundamento y que con frecuencia repiten monocordemente las concepciones del darwinismo social como el “control de la natalidad”.

     Y reiterar y ratificar, por supuesto, lo mejor y más destacado de su plan de gobierno: derogar la írrita Constitución fujimorista de 1993, la recuperación y soberanía nacional de la riqueza natural; la seguridad y soberanía alimentaria y del agro; el 10 por ciento del PBI para la educación y declarar la salud en emergencia, entre otras medidas de cambio y de justicia social.

      La construcción de un nuevo Pachacuty y la refundación de la Nación Peruana

      El triunfo de Perú Libre, lo reiteramos, solo será posible si establece pactos, acuerdos y consensos no solo con la izquierda, social y política como señala Héctor Béjar, sino con todos los peruanos de izquierda, de centro y de derecha que estén dispuestos a evitar la catástrofe de un estado fallido y una nación inviable que es el abismo a que nos conduce el continuismo neoliberal, la corrupción y la barbarie perpetua de la injusticia social y económica.

    La última encuesta de IPSOS del 18 de este mes dan buenas señales y augurios: Pedro Castillo tiene el 42 por ciento de aprobación y  un antivoto de 33 por ciento, mientras que Keiko Fujimori el 31 por ciento de aprobación y 55 por ciento de antivoto. Perú Libre debe recordar que el poder mediático al servicio de la derecha le sacó inicialmente de la invisibilidad de las encuestas a la plena visibilidad solo para neutralizar el avance de Verónika Mendoza de Juntos por el Perú. Pero su tramposa estrategia le falló. El tiro le salió por la culata.

      El triunfo de Perú Libre puede ser el primer paso para la construcción de un Pachacuty, de un cambio y una trasformación democrática y la refundación de la Nación Peruana en el siglo XXI. Es decir, unir, juntar y sumar los extremos y las partes de un Perú destrozado, de acuerdo a la  frase de Claudia Cisneros, como en el mito de Inkarrí.

                               

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