Réquiem para Oraldo

Por Ana Ríos.

Despertar con esta infausta noticia me resultó paralizante como, imagino, ha paralizado a la ciudad de Iquitos. Hombres como Oraldo Reátegui son imprescindibles. Irreverente, crítico, miembro de aquella Iglesia comprometida con el pueblo.

Hace unos días le escribí pidiendo apoyo legal para una persona desvalida y me respondió brevemente, pero jamás mencionó que estaba enfermo. No creo que quiso irse. Quiero creer que, dado su espíritu de niño, estuvo jugando entre la floresta y se quedó convertido en sol, luna o estrella.

Alguna vez me dijo que los días lluviosos lo ponían triste y, cuando viví en Iquitos, procuraba llamarlo cuando amenazaba algún chubasco. Tal vez sospechaba que se iría con el canto de la lluvia en el tejado.

El cariño siempre fue recíproco, tanto que llegamos a llamarnos “primos”. Y es que con Oraldo podías tener amistad sin confundir los límites. Era de los que te regalan abrazos que calman, de energía soleada. Nos reíamos de todo, en especial, de las convenciones sociales y los prejuicios. Solía contar algunas de sus ocurrencias, que sorprendían siempre. No sermoneaba, su vida era una búsqueda genuina de justicia y libertad. Hombre hidalgo, amable, entregado hasta el sacrificio. Tuvimos también algunas discrepancias en temas difíciles como la anticoncepción oral de emergencia o la despenalización del aborto, pero siempre fue respetuoso al defender sus puntos de vista ligados a sus concepciones religiosas.

Cuando años atrás tuve algunas dificultades, cuando decidí separarme, él estuvo ahí, acompañándome en silencio, de manera solidaria, al igual que Emilio Agnini y Rubén Meza, tres amigos a quienes, cuando uno conoce, piensa: “Me gustaría educar a mi hijo como a estos varones”.

Su vida fue un permanente compromiso con el periodismo de vanguardia, con la educación amazónica y la defensa de los derechos colectivos de los pueblos indígenas, con Foro Educativo, con la niñez y la juventud amazónica. Coincidimos en algunos espacios de fortalecimiento de capacidades con la Red de Niños, Niñas y Adolescentes de Loreto. Esa era su gran pasión, pues de seguro sabía que un gran líder genera otros líderes.

Duele tu partida, Quijote amazónico, pero sé que las aves siempre deben levantar el vuelo. Que el tiempo otorgue consuelo a tu inseparable compañera y a tus amados hijos, razón de tu existencia. Acá estaremos siempre quienes tuvimos el privilegio de conocerte, honrando tu memoria. ¡Hasta siempre, inolvidable amigo! 🌈

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